Boletin Semanal

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Democracia por encima de soberanía en Europa (*)

 

Lucrezia Reichlin (**)

 

 

Puede que el futuro de la Unión Europea no esté oficialmente incluido en la boleta electoral en los próximos comicios a celebrarse en los Países Bajos, Francia, Alemania e Italia, pero los resultados de dichos comicios influirán en gran manera en la determinación del destino de Europa.

 

E l sentimiento anti-UE está más extendido que nunca, como lo demuestran las febriles campañas de insurgentes populistas de la derecha, como Geert Wilders en Holanda y Marine Le Pen en Francia. Pero, también hay señales de apoyo para renovar y reinventar la UE – este es un mensaje que han sido propugnado por quienes apoyan a Emmanuel Macron en Francia y a Martin Schulz en Alemania

 

Cualquier campaña pro-UE, para ser convincente, debe abordar los problemas derivados del euro. Esta moneda fue adoptada por 19 de los 28 países miembros de la UE (27, después de Brexit), la moneda común se ha convertido en una fuente importante de desilusión con respecto a la integración europea. Aunque la crisis del euro, en su forma más aguda, ya ha terminado, la eurozona continúa siendo un constructo frágil.

 

En la raíz de la fragilidad de la moneda común se encuentran los defectos dentro del marco del Tratado de Maas tricht, que dicta que los miembros de la eurozona deben mantener una política monetaria común y políticas fiscales individuales que se ajustan a las normas fiscales compartidas. Pero, la mera existencia de normas fiscales ha demostrado ser insuficiente para garantizar su cumplimiento, y no existe en la UE ningún mecanismo para exigir su cumplimiento con el propósito de poder garantizar una disciplina fiscal adecuada.

 

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LA ECONOMÍA DE LA CONFIANZA en Estados Unidos (*)


EDICIÓN-47 | MARZO 2017

 

Mohamed A. El-Erian (**)

 

 

Los mercados financieros parecen estar convencidos de que el reciente aumento de confianza de las empresas y los consumidores en la economía estadounidense pronto se reflejará en la forma de datos “duros”; por ejemplo, en cifras que muestren crecimiento del PIB, de la inversión empresarial, el consumo y los salarios .

 

Sin embargo, los economistas y los responsables de formular políticas no tienen tanta seguridad al respecto. Si dichas dudas se llegan o no a comprobar como ciertas será de importancia para la economía estadounidense y la economía mundial.

 

La elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos ha desatado un aumento en el sentimiento económico positivo, debido a que prometió que su administración perseguiría agresivamente la trifecta de medidas de política de desregulación, reforma y reducción de impuestos, y construcción de infraestructura. Las mayorías republicanas en ambas cámaras del Congreso refuerzan el sentimiento positivo, a medida que envían señales sobre que Trump no tendría que enfrentar el tipo de bloqueo paralizante que Barack Obama enfrentó durante la mayor parte de su presidencia.

 

El aumento de la confianza de las empresas y los consumidores refleja un supuesto que está profundamente arraigado en la psique estadounidense: que la desregulación y los recortes de impuestos siempre desencadenan una ola de emprendedurismo transformador que favorece el crecimiento. (Para algunos fuera de los EE.UU., esta es una suposición que a veces se parece mucho a la fe ciega).

 

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Alemania, el G20 y LA GLOBALIZACIÓN INCLUSIVA (*)


EDICIÓN-47 | MARZO 2017

 

Wolfgang Schäuble (**)

 

 

Es necesario hacer más para fortalecer la capacidad de recuperación de la economía mundial frente a las crisis repentinas, refiere este artículo como una iniciativa dirigida a prevenir la reaparición de una crisis financiera y económica global como la de 2008-2009, que se derivó de un modelo de crecimiento “miope” basado en la deuda.

 

En el mundo occidental la globalización tiene cada vez peor prensa. Los movimientos populistas alegan que no beneficia mucho al ciudadano medio, si es que lo hace. En cambio, defienden el proteccionismo y el unilateralismo. Con respecto a la regulación comercial o financiera, las políticas nacionales son vistas como el amino más seguro para restablecer la grandeza nacional.

 

Pero esta agenda populista se basa en la premisa profundamente errónea de que la cooperación internacional y el comercio internacional son juegos de suma cero, produciendo solo ganadores y perdedores. De hecho, la cooperación y el comercio pueden ofrecer beneficios a todos los países. Desde hace muchos años, han aumentado la seguridad mundial y ciertamente la prosperidad global, permitiendo que cientos de millones de personas salgan de la pobreza, tanto en el mundo desarrollado como en el en desarrollo.

 

Sin duda, la globalización necesita reglas y un marco reconocido para asegurar que beneficie a todos, proporcionando un crecimiento económico sostenido e incluyente. Al igual que con la legislación nacional, es un marco que requiere ajustes constantes.

 

Pero abandonarla por completo y alejarse de la globalización es la respuesta equivocada. Por el contrario, debemos buscar formas de profundizar y ampliar la cooperación económica internacional.

 

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