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¿Atacará Estados Unidos a COREA DEL NORTE?

 

Minghao Zhao (**)


EDICIÓN-52 | AGOSTO 2017

 

Remarcando que es mejor que Estados Unidos se apure en tomar decisiones inteligentes frente a Corea del Norte, el autor abre un interesante análisis sobre el estado de las armas nucleares en el convulso mundo que hoy vivimos…

 

D onald Trump está perdiendo la paciencia con Corea del Norte. Con encendidas palabras, inusuales para un presidente estadounidense, advirtió hace poco que si Pyongyang vuelve a amenazar con atacar a Estados Unidos, habrá respuesta, con “fuego y furia como el mundo nunca ha visto”. Haga lo que haga, Trump debe comprender que nunca hubo tanto en juego, no sólo para la península coreana, sino también para la relación de Estados Unidos con China.

 

Las últimas dos pruebas norcoreanas de misiles balísticos intercontinentales, efectuadas el mes pasado, hacen pensar que el país ya cuenta con capacidad para golpear el territorio continental de Estados Unidos. La Agencia de Inteligencia para la Defensa estadounidense concluyó que es muy probable que Corea del Norte ya haya desarrollado una ojiva nuclear miniaturizada que cabría en uno de esos misiles. Expertos de la Universidad Johns Hopkins prevén una sexta prueba nuclear en cualquier momento.

 

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas acaba de aprobar por unanimidad las sanciones más duras que se hayan aplicado a Corea del Norte, con la esperanza de presionar al pequeño país para que renuncie a su programa de armas nucleares. La resolución prohíbe las exportaciones norcoreanas de carbón, hierro, mineral de hierro, plomo, mineral de plomo y productos pesqueros, que en conjunto equivalen a un tercio de los escasos 3000 millones de dólares que ingresa el país cada año. También prohíbe la entrega de nuevos permisos de trabajo a norcoreanos en el extranjero, cuyos salarios (según se sospecha) ayudan a financiar el programa nuclear y misilístico.

 

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Trump y la verdad sobre el CAMBIO CLIMÁTICO (*)

 

Joseph E. Stiglitz (**)


EDICIÓN-52 | AGOSTO 2017

 

Un problema clave que frena a la economía mundial hoy en día es la demanda agregada deficiente. Al mismo tiempo, los gobiernos de muchos países se enfrentan a déficits de ingresos. El autor plantea abordar ambas asuntos simultáneamente y reducir las emisiones…

 

Bajo el liderazgo del presidente Donald Trump, Estados Unidos tomó otro paso importante hacia el establecimiento de un Estado forajido el 1 de junio, fecha en la que el país se retiró del acuerdo climático de París. Durante años, Trump ha contemplado una extraña teoría conspirativa según la cual, en palabras de Trump expresadas en el año 2012: “el concepto del calentamiento global fue inventado por y para los chinos para lograr que la industria norteamericana dejara de ser competitiva”. Sin embargo, esa no fue la razón por la que Trump promovió la retirada de Estados Unidos del acuerdo de París. En vez de aquello, él alegó que el acuerdo era malo para Estados Unidos e implícitamente injusto para dicho país.

 

Aunque la justicia, como la belleza, está en el ojo del espectador, la afirmación de Trump es difícil de justificar. Por el contrario, el acuerdo de París es muy bueno para Estados Unidos, y Estados Unidos continúa imponiendo una carga injusta a los demás países.

 

Históricamente, Estados Unidos ha contribuido desproporcionadamente a la creciente concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, y entre los países grandes sigue siendo, de lejos, el mayor emisor per cápita de dióxido de carbono – contribuyendo en más de dos veces la tasa de China y casi 2,5 veces más que Europa en el año 2013 (el último año en el que el Banco Mundial presentó información completa). Con sus altos ingresos, Estados Unidos está en una mejor situación para adaptarse a los retos que plantea el cambio climático en comparación con países pobres como India y China, sin llegar ni siquiera a mencionar a algún país de bajos ingresos en África.

 

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LA LECCIÓN PERDIDA de la crisis financiera

 

MoMohamed A. El-Erian (**)


EDICIÓN-52 | AGOSTO 2017

 

El autor hace alusión a la importancia de prestar atención a las lecciones de las crisis en el mundo emergente. Destaca que “las crisis financieras pueden tardar mucho tiempo en desarrollarse, pero una vez que estallan, tienden a propagarse de manera rápida, salvaje, violenta y (aparentemente) indiscriminada.”

 

E n agosto de hace diez años, el ban co francés BNP Paribas decidió limitar el acceso de los inversores al dinero que habían depositado en tres fondos. Fue la primera señal clara del estrés financiero que, un año más tarde, enviaría a la economía global en picada.

 

Sin embargo, las enormes distorsiones económicas y financieras que alcanzarían un punto crítico a fines de 2008 y se perpetuarían hasta comienzos de 2009 -y que llevaron al mundo al borde de una depresión devastadora que duró varios años- tomaron totalmente por sorpresa a los responsables de las políticas en las economías avanzadas Claramente no habían prestado la suficiente atención a las lecciones de las crisis en el mundo emergente.

 

Cualquiera que haya experimentado o estudiado las crisis financieras de los países en desarrollo será penosamente consciente de las características que las definen. Por empezar, como sostuvo el difunto Rüdiger Dornbusch, las crisis financieras pueden tardar mucho tiempo en desarrollarse, pero una vez que estallan, tienden a propagarse de manera rápida, salvaje, violenta y (aparentemente) indiscriminada.

 

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