Boletin Semanal

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ANOTE: De análisis económico a CRECIMIENTO INCLUSIVO

 

Kemal Dervis y Karim Foda (**)

 

 

La mayoría de las economías están en busca de una receta para un crecimiento económico inclusivo, en la que se implementen tasas altas de inversión, innovación rápida y fuertes alzas del PIB junto con medidas para reducir la desigualdad de ingresos.

 

Los conservadores insisten en que el crecimiento requiere de impuestos bajos y de incentivos como mercados laborales flexibles para estimular la iniciativa empresarial. Pero para reducir la desigualdad hacen falta niveles más altos de gasto gubernamental y tributación (excepto cuando el gobierno busca un gasto deficitario para estimular una economía deprimida).

 

Se suele invocar el modelo económico escandinavo para achicar esta brecha. El sistema de “flexiguridad” danés, en particular, históricamente ha ofrecido un desempeño económico sólido junto con una desigualdad baja. Economistas prominentes como Philippe Aghion han publicado excelentes análisis de cómo este modelo podría equilibrar crecimiento, igualdad y satisfacción general de los ciudadanos en otras partes del mundo.

 

Estos economistas sostienen que los mercados laborales con pocas restricciones en cuanto a contratación y despido, impuestos bajos a la iniciativa empresarial e incentivos generosos para la innovación son compatibles con una distribución de ingresos relativamente equitativa, un alto gasto social por parte del gobierno y políticas sociales igualadoras como la educación gratuita universal.

 

Este modelo ha sustentado un debate en curso en Europa, que hoy es relevante en Estados Unidos, porque la nueva administración de Donald Trump ha prometido ayudar a los “perdedores” de la globalización mejorando al mismo tiempo la innovación y el crecimiento. Pero en Estados Unidos es mucho más difícil, desde un punto de vista político, ofrecer razones a favor de un gasto público generoso en educación, atención médica y seguridad financiera para los jubilados, porque hacerlo siempre plantea el espectro de impuestos altos.

 

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¿Un orden económico INESTABLE? (*)

 

Mohamed A. El-Erian (**)

 

 

En tiempos en que las estructuras subyacentes de la economía global se encuentran bajo grandes presiones, esto podría tener consecuencias de largo alcance.

 

Sea por opción o necesidad, la gran mayoría de las economías del mundo son parte de un sistema multilateral que da enormes privilegios a sus contrapartes en el mundo avanzado, especialmente a Estados Unidos y Europa. Tres son los que más destacan.

 

En primer lugar, debido a que son las que emiten las principales monedas de reserva, las economías avanzadas pueden cambiar sus billetes por bienes y servicios producidos por otras.

 

Segundo, para la mayoría de los inversionistas globales los bonos de estas economías son un componente cuasi automático de sus carteras, por lo que los déficits de sus gobiernos se financian en parte con los ahorros de otros países.

 

La ventaja clave y final de las economías avanzadas es su poder de voto y representación. Tienen poder de veto o una minoría que les permite bloquear decisiones en las instituciones de Bretton Woods (el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial), lo que les da una influencia desproporcionada sobre las reglas y prácticas que rigen el sistema económico y monetario internacional. Y, dado el predominio que históricamente han tenido en estas organizaciones, se garantiza de facto que ciudadanos de estos países tengan puestos directivos en ellas.

 

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La prosperidad económica en la ERA DIGITAL (*)

 

Jhon Chambers (**)

 

 

En todo el mundo la gente pide cambios. Los últimos resultados electorales (de los que la votación del Brexit en el Reino Unido y las elecciones presidenciales en Estados Unidos sean tal vez los ejemplos más notables) han puesto de relieve la creciente incertidumbre económica.

 

En este ambiente, resulta imperativo que los líderes articulen y cumplan una visión clara para un crecimiento económico incluyente que cubra no solo las políticas tributaria y comercial (en las que se centran los debates actuales) sino también la digitalización.

 

La digitalización, cuyo valor económico potencial será en la próxima década de unos $19 billones, tiene el poder de poner en marcha el crecimiento del PIB, la creación de empleos y la innovación en los países. Ya podemos ver el profundo impacto que puede tener sobre aquellos que la adoptan como un elemento de impulso central de sus estrategias económicas.

 

Por ejemplo, la estrategia del Primer Ministro Narendra Modi en India está transformando el país en una potencia tecnológica y sentando las bases para un futuro digital. En Francia, el gobierno ha invertido en un plan digital nacional que se espera cree 1,1 millones de empleos en los próximos 3 a 5 años y contribuya con $101 mil millones al PIB en la próxima década.

 

Mientras otros países adoptan sólidas estrategias digitales, Estados Unidos está quedando a la zaga. A pesar de haber liderado la carrera de Internet en los años 90, hoy es la única gran economía desarrollada sin un plan claro de digitalización. Ya se están viendo las consecuencias: según el Índice Bloomberg de Innovación de 2016, hoy EE.UU. es el octavo país más innovador del mundo; en 2015 estaba dos puestos más arriba.

 

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