Mientras el planeta se va quemando, hablemos de bioeconomía. La bioeconomía puede ser entendida como “la producción, utilización y conservación de recursos biológicos, incluidos los conocimientos, la ciencia, la tecnología y la innovación relacionados para proporcionar información, productos, procesos y servicios en todos los sectores económicos con el propósito de avanzar hacia una economía sostenible”. 

Los expertos dicen que cada país puede definir sus bioeconomías en función de sus realidades y capacidades nacionales y programas. Esto pasaría, en América Latina por lo menos, por promover: el desarrollo sostenible, teniendo como marco la Agenda 2030; la acción climática, considerando el Acuerdo de París; la inclusión social (agricultura familiar, etc.) junto a la reducción de las brechas territoriales de desarrollo al interior de los países; y, promover procesos de innovación que permitan diversificar las economías, generando nuevas cadenas de valor.

Todo este discurso, con la idea de, por supuesto, trabajar a favor de un planeta que cada día se torna menos sostenible en términos económicos, políticos, sociales y sobre todo ambientales. Es, consiguientemente, parte de un discurso renovado que busca enamorar a los líderes de los Estados más responsables de la contaminación y a los que no hacen nada por construir un mundo sostenible: una tarea de titanes para unos; para otros un imposible; y, para una gran mayoría, materia prima para recalentar la demagogia.

Con todo, la CEPAL afirma que siendo América Latina y el Caribe una región megadiversa, vale la pena considerar estos temas, llevarlos a debate y ver si prenden en la planificación de los Estados. En esta línea, nos recuerda que en la región, al existir una gran variedad de ecosistemas únicos, tales como zonas desérticas; pampas húmedas; y ecosistemas marinos; el uso productivo sostenible de la biodiversidad es tanto un potencial como un desafío para el desarrollo de la bioeconomía.

Puesta así la cosa, este organismo de Naciones Unidas sostiene que la bioeconomía provee un marco adecuado para la integración de políticas para la acción climática, en el marco del Acuerdo de París de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC); en particular, afirma, para avanzar en el cumplimiento de los compromisos establecidos por los países en sus Contribuciones Determinadas Nacionalmente (NDCs por sus siglas en inglés).

En resumen, considera que la bioeconomía es una estrategia para el crecimiento con desacople de emisiones, dado el rol central que ella tiene en la acción climática, en particular, como estrategia para transitar a una economía post-recursos fósiles  que, sin embargo, cada día se fortalece más frente a lo que parece ser la debilidad de las energías renovables; como alternativa real para la generación de energía limpia a nivel global.

Con todo, la CEPAL afirma que la bioeconomía se presenta ahora como parte de lo que debería ser “el Gran Impulso Ambiental(GIA), a partir de la reorientación coordinada de políticas, regulaciones e inversiones dirigidas a enfrentar los actuales desafíos de sustentabilidad. Por el momento, estamos siendo observadores pasivos de lo que ya ocurre en el planeta como consecuencia de estar implementando un sistema de producción y de conservación y uso de recursos definitivamente poco sostenible: el tema debería preocupar, pero, no es así, sino “todo lo contrario”.

Fuente: EL DÍA
AUTORA: VESNA MARINKOVIC