Universidades de Estados Unidos, Alemania, Sudáfrica y Brasil demandaron en junio ante las Naciones Unidas, adoptar medidas concretas para prevenir los riesgos para la salud por efecto de la contaminación del aire. Propusieron un pacto global que involucre a todos los actores sociales dirigido a controlar esta contaminación causante de alrededor 7 millones de muertes evitables cada año.


La nota del portal Scidev señala que según los científicos agrupados en esta iniciativa; la combustión de combustibles fósiles y biomasa para la generación de energía, la calefacción, la cocción de alimentos, el transporte y la agricultura, se han  convertido en la mayor causa de contaminación del aire. 


Asegura que “ese origen de contaminación es particularmente nocivo para los seres humanos, pues contiene grandes cantidades de material particulado —especialmente los menores a 2,5 micras (PM2.5)— transportado por el aire que al entrar al organismo humano perjudica los órganos”, y lo hace de manera diaria, silenciosa y casi invisible.


Esto fue en junio y ayer, en pleno julio, y en pleno cuarto anillo de Santa Cruz de la Sierra; en cosa de cinco minutos conté cinco micros con el escape echando humo negro y una vagoneta roja que parecía locomotora a vapor a toda velocidad rodando por inmediaciones del Ventura Mall; sin nadie que controle este tipo de emisiones que son mortales. En pleno julio y a pocos meses de las elecciones presidenciales.


Haría falta, al menos, alguna exposición mediática de alguno de los candidatos hablando sobre estos temas. Diciendo que, como parte de su programa de Gobierno, los ciudadanos cuentan y que se tomaran medidas en contra de todas aquellas movilidades que tienen el escape roto, suelto, en malas condiciones y que emiten gases asesinos. Sería bueno, también, escuchar algo al respecto por parte del Gobierno municipal, en este caso, de Santa Cruz de la Sierra.


Las universidades también deberían tener una cuota puntual y urgente en este tema; más allá de la bulla electoral que no dice nada, absolutamente nada importante para los “ciudadanos” que habitamos el llano; sería saludable saber que hay instituciones que trabajan por temas que tienen sentido para la ciencia y la tecnología, a favor de la vida.


Por el momento, la policía toma las calles pero no para multar a movilidades que contaminan, sino para esquilmar a conductores ebrios que circulan en esas condiciones por lo menos de jueves a domingo: el negocio para la policía es magistral, dicen que los más beneficiados no son los de la tropa que patrulla religiosamente las calles; sino, los jerarcas de la policía que exigen su “cuota mayor de dignidad”, desde algún sillón de la institución.

Para más colmo, el beneficio de esta campaña contra el alcoholismo no tiene buenos resultados en la reducción del mismo pues hecha la ley, hecha la trampa: contratar un Uber o taxistas que conduzcan las movilidades de los ebrios por una suma inferior a la multa de la policía, es una solución de oro. Ergo, el consumo de alcohol continua al igual que la contaminación ambiental por la que, sin embargo, no se hace ninguna campaña exitosa. Las revisiones anuales de Tránsito al respecto son una divina comedia.


Si se cobrara lo que se cobra por conductor ebrio, a los conductores que manejan sus movilidades en condiciones técnicas inaceptables; en este país del mundo en desarrollo, es posible que las trampas a la ley sean menores y más efectivas para el medio ambiente. Con todo, no está mal que se controle borrachos, pero, este es un tema que también puede ser normado por las familias, el sistema educativo y hasta la Iglesia, hoy con serios problemas de credibilidad, por cierto.

FUENTE: EL DÍA
AUTORA: VESNA MARINKOVIC