En Okinawa 1, Santa Cruz, el presidente Rodrigo Paz convirtió el inicio de la terminación y prueba de producción del pozo Montecristo-9 en escenario para plantear una nueva etapa para los hidrocarburos bolivianos, basada en tecnología para campos de baja permeabilidad, mayor inversión y una alianza entre el Estado y el sector privado. Sus palabras llegan cuando Bolivia enfrenta una menor disponibilidad de producción nacional de hidrocarburos y una elevada dependencia de combustibles importados, mientras el Gobierno busca reactivar la capacidad productiva del sector.
Abner Flores, ENERGÍABolivia, 15 de septiembre de 2026.- La información técnica señalada en dicho acto señala que este proyecto tiene una particularidad técnica: busca aplicar por primera vez en Bolivia, la estimulación hidraúlica, bajo estas condiciones geológicas de baja permeabilidad, una tecnología destinada a evaluar la producción de gas y condensado en las formaciones Huamampampa y Los Monos. En ese escenario, Paz presentó a Montecristo-9 como un proyecto piloto de “modernidad” para Bolivia y como una muestra de que el país puede buscar hidrocarburos mediante tecnologías diferentes a las utilizadas tradicionalmente.
La importancia del anuncio radica en que el presidente no habló solamente de un pozo, sino de la posibilidad de replicar este tipo de desarrollo en otras estructuras del país. Paz sostuvo que Bolivia posee campos maduros donde todavía existirían volúmenes de gas y líquidos que no han podido ser recuperados por falta de tecnología e inversión adecuada, y planteó que la experiencia de Okinawa podría convertirse en un modelo para intervenir esos reservorios. También mencionó una proyección de inversión de $us 1.600 millones y la posibilidad de generar más de 90 campos, además de comparar determinadas estructuras bolivianas con Vaca Muerta, en Argentina. Estas cifras y referencias fueron planteadas por el mandatario como una perspectiva de desarrollo y no como reservas o producción actualmente certificadas.
El discurso adquiere mayor peso si se lo ubica en la situación energética actual. La menor disponibilidad de crudo nacional ha reducido significativamente la utilización de las principales refinerías de YPFB: entre enero y julio de 2026 procesaron en promedio 24.067 barriles diarios, equivalentes al 37,8% de su capacidad de diseño, según información de la propia estatal. Paralelamente, el Gobierno autorizó recientemente a las refinerías Gualberto Villarroel y Guillermo Elder Bell a importar crudo, procesarlo y comercializar directamente sus derivados a precios de mercado, como una medida para aprovechar capacidad instalada y reducir la compra de combustibles terminados en el exterior. En ese contexto, la apuesta de Paz por recuperar producción de gas y líquidos mediante nuevas tecnologías responde a un problema estructural: Bolivia necesita volver a generar una mayor oferta interna de hidrocarburos si pretende reducir su vulnerabilidad frente a las importaciones y recuperar ingresos provenientes del sector.
El otro componente central del mensaje presidencial fue la modificación de las condiciones para invertir. Paz anunció junto al gobernador Juan Pablo Velasco una “ley corta” destinada a acelerar proyectos de baja permeabilidad, diferenciándolos del desarrollo convencional de las zonas Sub Andinas. Según explicó estos campos son considerados no convencionales y requieren otro tipo de inversión, por lo que la nueva norma buscaría agilizar infraestructura y acceso a recursos, mientras se prepara una ley macro de hidrocarburos. El presidente vinculó esta propuesta con una mayor participación privada y una alianza público-privada para el sector, además de abrir la posibilidad a capitales extranjeros bajo reglas claras. Así, Montecristo-9 queda situado en una discusión más amplia: para el Gobierno, recuperar la seguridad energética no pasa únicamente por encontrar nuevos recursos, sino por crear las condiciones técnicas, financieras, regulatorias y empresariales que permitan convertir esos recursos potenciales en producción efectiva.
El inicio de la terminación y prueba de producción de Montecristo-9, a cargo de YPFB Chaco en el municipio de Okinawa 1, reunió al presidente Rodrigo Paz, al ministro de Hidrocarburos y Energías Marcelo Blanco, al gobernador de Santa Cruz Juan Pablo Velasco, al presidente de YPFB Sebastián Daroca, autoridades municipales, representantes de empresas contratistas y de servicios, trabajadores de YPFB y YPFB Chaco y representantes de las comunidades y familias de la zona.
Fuente: Abner Flores, ENERGÍABolivia

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