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Los desafios de la integración del sector eléctrico en América Latina



Por Nivalde José de Castro y Rubens Rosental

El proceso de integración del sector eléctrico en América Latina está inserto en un contexto bastante complejo, teniendo en cuenta las diversas variables que lo constituyen como la diversidad política institucional de los diversos países, la asimetría de intereses, la seguridad jurídica, el sistema regulatorio, el sistema de comercialización de energía y la operación integrada de los sistemas eléctricos.

Actualmente la integración se da por medio de interconexiones eléctricas utilizándose líneas de transmisión, uniendo los sistemas eléctricos de dos o más países. Otra forma de integración se da a través de usinas generadoras binacionales, donde Itaipú es el principal paradigma y caso de éxito.



La gran ventaja de la interconexión eléctrica es la posibilidad de transmitir energía eléctrica de un país a otro aprovechando diferencias y complementariedades de los sistemas eléctricos, hábitos de consumo, estacionalidad y temperaturas. Además de esto, como se verificó, hay la posibilidad de suprimir problemas estructurales de un determinado país.

América Latina presenta un gran potencial hidroeléctrico aún no explotado. En función de la distancia a los centros de carga y del tamaño del potencial inventariado, la construcción de nuevas hidroeléctricas puede no mostrarse viable económicamente por ser el mercado muy inferior a la potencia de la usina.
Sin embargo, la integración eléctrica permite que emprendimientos de mayor porte en países con mercados internos menores puedan tornarse factibles económicamente al atender la demanda de energía eléctrica integrada de más países. Y de modo mucho más confiable, pues permitirá compensar eventuales disparidades e insuficiencias hidrológicas con la energía excedente de otros países.

En este sentido, la integración eléctrica entre países permite alcanzar una mayor confiabilidad de los sistemas para enfrentar adversidades climáticas, problemas técnicos y picos de consumo. Además, como los sistemas eléctricos deben ser dimensionados no sólo para atender la demanda media, pero, sobre todo los momentos de pico de consumo, la posibilidad de compensar y complementar las instalaciones de varias regiones permite aprovechar mejor las inversiones realizadas.

Actualmente la cuestión ambiental está presente en todos los emprendimientos del sector eléctrico, imponiendo, la mayoría de las veces, grandes barreras y obstáculos a ser vencidos para que sean construidos. Con las ganancias sinérgicas y la postergación de nuevas usinas generadoras, la integración tiene un impacto positivo en relación al medio ambiente, evitando que nuevas plantas sean instaladas de forma innecesaria y contribuyendo para la disminución de las emisiones de gas carbónico, sea por áreas inundadas de una represa o por la quema de combustibles fósiles.

En este marco, el proceso de integración del sector eléctrico del Brasil con los países de la región puede ser dividido en dos fases. La primera fase, iniciada en los años 1970, teniendo como marco central la construcción de la entonces mayor hidroeléctrica del mundo, Itaipú Binacional, que tenía un doble y estratégico objetivo: garantizar mayor suministro nacional y costos más competitivos en relación a los practicados en el mercado nacional.

Cabe resaltar que la malograda experiencia de importación de energía térmica de gas de la Argentina – CIEN, inaugurada en 2000, tuvo una lógica diferente. En los años 1990, época en que este proyecto fue concebido, el Brasil se encontraba en una situación macroeconómica de crisis y el sector eléctrico tenía reducida capacidad de realizar inversiones. Con eso, la importación de energía de la Argentina, país que pasaba por una fase de gran prosperidad económica y que poseía reservas significativas de gas, parecía una solución más interesante que movilizar los escasos capitales disponibles en el Brasil para realizar inversiones locales.

La segunda fase del proceso de integración se inicia a partir de 2003- 2004, cuando el Brasil redefine su política estratégica de integración económica regional, enfocada en América Latina. En esta estrategia, se configura otro vector que es el de la internacionalización de las empresas brasileras sean estas de capital nacional o no.

En este doble y convergente movimiento, la integración energética fue colocada como uno de los vectores de este proceso. A diferencia de la primera fase de la integración, el Brasil no tiene, a groso modo, necesidad y consecuentemente interés de complementar la oferta interna de electricidad, una vez que el sector eléctrico es muy competitivo y el Brasil dispone de recursos naturales abundantes, de mecanismos comerciales y de financiamiento en moneda nacional capaces de viabilizar y garantizar la autosuficiencia en términos de energía eléctrica. Este cambio de escenario tiene varias causas, que van de la mejora en la situación macroeconómica del Brasil, la estructuración de un nuevo modelo consistente para el sector eléctrico y los grandes descubrimientos de petróleo y gas, sobre todo en el pré-sal.

Se debe destacar y enfatizar el papel de la profunda restructuración del sector eléctrico verificada en los años 2003-2004. Como el modelo comercial fue estructurado en función de una característica básica del sector eléctrico, que es la alta preponderancia de generación hidroeléctrica en su matriz, el modelo brasilero tiene especificidades que lo distinguen nítidamente de los arreglos comerciales predominantes en los países de América Latina. Se trata de un modelo en que no se comercializa energía, pero tiene contratos financieros de “garantía física” donde la central generadora de energía eléctrica no puede vender energía física y no tiene autonomía sobre su propio despacho, que es determinado por el operador nacional del sistema, según una lógica de optimización de todas las más de 2.400 unidades generadoras de energía eléctrica.

Dada la amplia, variada y abundante disponibilidad de recursos energéticos del Brasil, capaz de atender la demanda de mercado interno de energía en las próximas décadas, la integración eléctrica con participación directa del Brasil se deberá dar, en una primera fase, por el intercambio de excedentes interrumpibles en función del diseño específico y origina del modelo comercial brasilero.

...la construcción de nuevas hidroeléctricas puede no mostrarse viable económicamente...

Las características y especificidades del modelo brasilero determinan condiciones de entorno que precisaran ser revisadas para viabilizar el comercio internacional de energía eléctrica. Esto implica señalar que, excepto para proyectos de centrales hidroeléctricas binacionales, como es el caso del proyecto del Madeira internacional con Bolivia y de las hidroeléctricas de Garabí y Panambí con Argentina, la integración energética por medio de proyectos o arreglos contractuales enfocados en la exportación de bloques de electricidad con contratos de largo plazo y precios competitivos para el mercado eléctrico brasilero, dependería directamente de ajustes regulatorios y comerciales convergentes y adherentes al modelo brasilero.

En estos términos, la dinámica de la integración eléctrica en América Latina con participación directa del Brasil está circunscrita, básicamente, 
a cuatro posibilidades. La primera, más simple y consistente, es la construcción de centrales hidroeléctricas binacionales basadas en la experiencia de Itaipu Binacional. La producción de una binacional es de 50% para cada país. Y es posible definir en el tratado internacional que va a respaldar el contrato comercial las condiciones de venta del excedente como fue hecho con el Paraguay en relación a Itaipu Bi- nacional.

La segunda alternativa, más compleja y remota, es la construcción de centrales hidroeléctricas (y respectivos segmentos de líneas de transmisión) en países vecinos, siendo definidas las condiciones de exportación para el Brasil por la parcela de la producción que no será consumida por el país de origen. Las dificultades son grandes y, a título de ejemplo, se puede citar que la unidad generadora tendría que someterse a las reglas comerciales, por ejemplo, participar de subastas, y a los criterios de despacho de carga centralizados del Brasil. La tercera posibilidad es la más promisora en el corto y mediano plazo. Es la comercialización de excedentes de energía en los moldes del comercio que el Brasil ya viene practicando, aún de forma esporádica, con Argentina y Uruguay. Se trata de vender y comprar energía excedente por medio de contratos de corta duración, que pueden ser firmados sin una armonización regulatoria profunda entre los modelos comerciales de los países involucrados. En este tipo de comercio, cada país busca garantizar la seguridad del abastecimiento de su propio mercado, pudiendo contar con excedentes de los países vecinos para garantizar el suministro, aunque a costos operacionales más elevados. Y, alternativamente, vender excedentes de energía.

Esta vertiente de la integración tiene gran posibilidad de expansión, sobre todo en los países con los cuales el Brasil ya posee interconexiones. Probablemente el Brasil ocuparía más frecuentemente la posición de exportador que la de importador, dadas las asimetrías de las escala con los países vecinos y, sobre todo, las características del modelo brasilero, donde hay predominio de ociosidad de energía térmica y, ocasionalmente, sobra de energía hídrica en el periodo húmedo (noviembre a abril). Por tanto, se debe trabajar en la dirección de crear un marco legal, institucional, regulatorio y comercial que de seguridad jurídica y financiera a las transacciones y facilite el comercio internacional rutinario de energía.

Una cuarta posibilidad está directamente asociada a la estrategia del gobierno brasilero para la integración económica e internacionalización de empresas, incluyendo las que operan en el sector eléctrico. Esta estrategia deberá llevar a un aumento de las inversiones brasileras en el exterior, con posible destaque para la construcción de hidroeléctricas en los países latinoamericanos con participación estratégica de la empresa estatal Electrobras y de los grupos empresariales del sector de construcción civil.

Aún dentro de esta posibilidad, se debe destacar la categoría de la adquisición de los activos existentes en los países de América Latina derivada de la dimensión económica de los grupos involucrados, especialmente Electrobras, y de la experiencia y conocimiento técnico acumulado en la actuación en el mercado brasilero, contando, inclusive con el apoyo de BNDES. La experiencia reciente del grupo Electrobras en la disputa con empresas de Alemania y China en la compra de participación accionaria en la EDP de Portugal sirve de ejemplo, sobre todo de las posibilidades que esta vertiente de integración ofrece.

En síntesis, el proceso de integración eléctrica en América Latina, por la vía multilateral, no permitió avances sustantivos. Los resultados más exitosos y con mejores resultados se dieron a nivel bilateral. La búsqueda de acuerdos aceptables por los miembros regionales se torna un esfuerzo de características técnicas, económicas y diplomáticas.

Para el Brasil, los contratos de corto plazo de intercambio de excedentes de energía con los países con los cuales ya está interconectado y la adquisición de activos en América Latina, son las líneas de menor resistencia y más promisoras para la integración eléctrica que pueden desempeñar la base para la aceleración de este proceso en la región.

* Coordinador e investigador, respectivamente, de GESEL-Grupo de Estudios del Sector Eléctrico del Instituto de Economía de la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ).


La búsqueda de acuerdos aceptables por los miembros regionales se torna un esfuerzo de características técnicas, económicas y diplomáticas...”





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