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Pese a que el año pasado Bolivia dio luz verde a la ruta hidroeléctrica en Bolivia, el gobierno no ha podido hasta el momento apaciguar el rechazo a los posibles impactos medioambientales de estas monumentales obras de ingeniería. En enero la postura presidencial dio muestras de cierto repliegue…

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LEA: ¿REPLIEGUE GUBERNAMENTAL frente al proyecto El Bala?

 

Raúl Serrano

 

Durante el discurso de 11 años de evaluación, realizado en enero de este año, el Presidente del Estado mostró alta tolerancia frente al rechazo que está generando la posible construcción del proyecto hidroeléctrico El Bala, concebido para generar alrededor de 3.676 megavatios de energía, con una inversión aproximada de $us 6.000 millones, señalando: ”no impondremos, que los paceños decidan.”

 

“Si la Paz nos permite invertir casi 6 millones de dólares estaremos en condiciones de tener la planta hidroeléctrica más grande de Bolivia, entiendo algunos ecologistas que sólo defienden políticas del sistema capitalista, pero no impondremos, que los paceños decidan”, remarcó durante su larga alocución transmitida en directo para todo el país durante más de cuatro horas.

 

En noviembre del año pasado el gobierno de Morales dio luz verde a la consolidación de la ruta hidroeléctrica en Bolivia, a partir de un encuentro con actores energéticos de Brasil, bajo el argumento de fortalecer la seguridad energética entre dos países que tienen una larga trayectoria en materia de intercambios energéticos.

 

UN CAMPO SIN EXPLORAR

 

En esa oportunidad, el desarrollo del mercado eléctrico, en base a centrales hidroeléctricas; un campo que el país mantiene sin explorar, pese a sus significativas perspectivas, fue presentado como una prioridad del actual gobierno. En ese escenario Bolivia y Brasil suscribieron importantes documentos de entendimiento con la presencia del ministro de Minas y Energía del Brasil, Fernando Coelho Filho.

 

El ministro de Hidrocarburos y Energía, Luis Alberto Sánchez, recordó, en esa ocasión, que Bolivia tiene en carpeta grandes proyectos hidroeléctricos como El Bala, precisamente, con un estimado de 3.700 MW; Rositas 3.000 MW; Río Madera 3.000 MW, donde 1.500 MW correspondería a cada país. La autoridad remarcó que este potencial energético sería comercializado a nivel de los países vecinos, después de priorizar el abastecimiento al mercado nacional.

 

Sánchez proyectó un total de 8.500 MW que se constituirían en la base de la integración energética en la región, a partir de la visión del presidente Evo Morales de hacer de la electricidad un nuevo pilar económico para Bolivia. El mayor problema al momento es que el gobierno no ha logrado apaciguar el recurrente rechazo a los proyectos hidroeléctricos, pese a que el vicepresidente Álvaro García señalara, como preámbulo al margen, que “no estamos apostando a un proyecto depredador.”

 

¿CUÁLES SON LAS CARACTERÍSTICAS DE LA PROPUESTA?

 

Según Daniel Robison, cuando se habla del proyecto hidroeléctrico El Bala, se está hablando de un proyecto que contempla la construcción de dos represas, cada una con diferente potencial y diferentes impactos específicos, además de los impactos acumulativos de ambas obras.

 

“Es así que el estudio de factibilidad encargado a la empresa italiana Geodata y la primera ficha ambiental que se ha tramitado y aprobado son para una primera obra de represa del río Beni en el angosto del Chepete, 50 km aguas arriba del Bala”, dice.

 

Agrega que, “de acuerdo a la ficha, esta represa sería de 3,676 megavatios, o sea mucho más de lo que calculaban originalmente para El Bala, pero, con un embalse 80% menos extenso. La empresa Geodata ya fue contratada para hacer un estudio a diseño final, aunque el estudio de factibilidad no se haya entregado aún.”

 

“También en base a la información preliminar de Geodata se ha procesado una segunda ficha ambiental para una segunda represa, “de poca caída” (15m), que se construiría “después de 10 años”, esta sí para el angosto del Bala. Aquí se habla un potencial de 352 MW, creando un embalse de 66.64 Km2 (Figura 5). Si bien es mucho menor que el concepto anterior, es poca energía a cambio de obstaculizar un río tan importante como es el Beni”, agrega Robison en el portal www.biodiversidadla.org

 

Desde una postura crítica, agrega que hay muchas agendas que influyen en las decisiones sobre las mega represas y que esto tiene poco que ver con la obra misma y con su rentabilidad.

 

El mayor problema al momento es queel gobierno no ha logrado apaciguar el recurrente rechazo a los proyectos hidroeléctricos...”