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Demanda energética vs. contaminación ambiental


Grandes figuras de la política mundial han comenzado a pronunciarse en contra del cambio climático asociado principalmente a la quema de combustibles fósiles, en un mundo que, habrá que reconocer, no ha logrado aún una alternativa energética que sea tan eficiente como al momento vienen siendo los hidrocarburos y también el carbón en la generación de energía.

El pasado lunes ha sido el propio presidente Barack Obama quien se ha pronunciado en contra del cambio climático señalando que se trata de “una obligación moral” atenderlo y asegurando que las consecuencias de este se han traducido en “la mayor amenaza para el futuro” de la tierra. La aproximación de Obama a la ruta medioambiental no ha dejado de ser viral en las redes sociales, sobre todo por ser Estados Unidos el mayor país en producir emisiones de CO2 y debido a su reciente apuesta por los shales que implica daños ambientales de consideración según expertos en el tema.

“Somos la primera generación que siente las consecuencias del cambio climático y la última que tiene la oportunidad de hacer algo para detenerlo”, dijo Obama. “Este es uno de esos problemas que por su magnitud, si no lo hacemos bien, no podremos reaccionar ni adaptarnos. Cuando hablamos de cambio climático, existe la posibilidad de llegar tarde”, agregó el mandatario en una ceremonia en la Casa Blanca, cuando presentó los detalles de su plan para limitar, por primera vez en la historia, las emisiones contaminantes de las plantas energéticas de su país e impulsar la inversión en energías renovables.

La opción por las renovables sin duda que no debe entenderse necesariamente como una guerra a los combustibles fósiles que hoy generan la energía que demanda el planeta de manera galopante, sin embargo, es una senda que se ve como impostergable y que se ha convertido en una demanda concreta para el sector energético mundial.

“No hay un desafío que suponga una amenaza mayor para nuestro futuro que el cambio climático”, dijo Obama como una réplica a lo ya señalado por Carlos Pascual, exdiplomático estadounidense y vinculado a temas energéticos del Departamento de Estado, en la Conferencia ARPEL 2015, denominada “Cooperación e innovación para un desarrollo energético sostenible”, realizada en Punta del Este, Uruguay, entre el 7 y 9 de abril de este año.

Para nadie pasa desapercibido que el mundo necesita mayores suministros de energía para sostener el progreso, el crecimiento económico y asegurar el bienestar humano de una creciente clase media mundial en edad laboral, académica y escolar, sin embargo, tampoco puede negarse el escenario conflictuado entre demanda energética y contaminación ambiental, a propósito de la utilización de materias primas de origen fósil en la generación de energía.

Lo que está claro, por lo menos en el corto y mediano plazo, es que esta creciente demanda de energía proyectada en un 35% para el año 2040, solo podrá hacerse efectiva por la vía de los combustibles fósiles como el petróleo, el gas, el carbón y el uranio, en función a las reservas existentes y la asequibilidad de precios (frente a otros combustibles), convirtiéndose en un peligro para el equilibrio medioambiental.

Por el momento, este crecimiento de la demanda significaría añadir 191 cuatrillones de unidades termales británicas (BTUs, por sus sigla en inglés) a los suministros globales, además de los 526 cuatrillones de BTUs consumidos en 2010, asistida en un 92% por los combustibles fósiles, según la Agencia Internacional de Energía (IAE).

FUENTE: EL DÍA

AUTORA: VESNA MARINKOVIC

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