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México se blinda con nuevos seguros contra la caída del petróleo


El Banco de México presenta como muro de contención 270.000 millones de dólares en reservas y una posible subida de tipos

En los últimos meses ha habido cambios en el tablero de la economía mundial. Y las nuevas fichas han llegado para quedarse. La exuberante oferta petrolera de los países de la OPEP y la revolución del fracking (fractura hidráulica) en EE UU han decretado definitivamente el fin de la era de crudo caro. Además, la locomotora estadounidense ha recuperado el vuelo. La subida de sus tasas de interés es una decisión inminente y sus efectos –fortalecimiento del dólar y turbulentos movimientos de capital en las plazas internacionales– son ya un hecho. México, como país productor de crudo y como economía emergente, se está viendo doblemente afectado. La respuesta del Gobierno, consciente de que éste será el escenario para los próximos años, ha sido de momento poner sobre las mesa sus armas disuasorias.

Diferentes autoridades políticas mexicanas han salido a la palestra durante la semana pasada para enseñar su arsenal. El secretario de Hacienda Luis Videgaray anunció el lunes que para 2016, el país volverá a contar con seguros de cobertura petrolera, unos contratos que sirven como amortiguadores ante el desplome del precio. Este año, México ha gastado 773 millones de dólares en estos derivados financieros para asegurarse el barril a 82 dólares. El gobernador del Banco de México (BdM) Agustín Carstens volvió a insistir, por su parte, en que permanecerá muy atento a la política monetaria en EE UU y al tipo de cambio, abriendo la puerta de nuevo a una posible subida de tasa de interés en México.

El petróleo, fuente de una tercera parte de los ingresos del Estado, ha sufrido una caída en picado desde junio del año pasado. El barril de mezcla mexicana es hoy un 50% más barato. Videgaray, que anunció la medida desde Washington, durante la reunión de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), no concretó a cuánto ascenderá esta vez la factura, pero confirmó que el nivel de seguridad será obligatoriamente más alto. “En los últimos dos meses el precio se ha estabilizado entre 45 y 50 dólares por barril y anticipamos que permanecerá en esos niveles en los próximos meses y años”.

Las apreturas presupuestarias motivaron en enero un severo tijeretazo en el gasto público: 9.000 millones de dólares (el 0,7% del PIB). El secretario de Hacienda, que ya anunció otro ajuste el año que viene, envió también un nuevo mensaje de advertencia: “Los mexicanos tenemos que ajustarnos ante una nueva realidad y entender que no estamos enfrentando una situación transitoria”.

En el marco de la misma reunión de Washington, el economista en jefe del BM para América Latina, Augusto de la Torre, respaldó las políticas económicas del Gobierno mexicana. La llegada al poder de Enrique Peña Nieto vino acompañada en diciembre de 2012 de un ambicioso paquete de reformas liberalizadoras en diferentes frentes –energía, finanzas, telecomunicaciones– que recibieron el aplauso mayoritario de la comunidad internacional. “La importante ola de reformas deberá comenzar a rendir resultados positivos. Hay que tener paciencia”, apuntó en relación las grandes expectativas creadas.

De la Torre señaló además los peligros que acechan detrás del cambio de la política monetaria en interés por parte de la FED. “Cuando Estados Unidos suba la tasa de interés, las variables financieras en América Latina tienen que ajustarse. Eso no quiere decir que vamos a tener grandes estragos negativos, pero puede haber volatilidad en el flujo de capital”. Este otro fleco de estrés también ha tenido respuesta por parte del gobernador del BdM. Carstens presumió esta semana de un imponente cajón de reservas de las que echar mano en caso de turbulencias. México, que ha duplicado su colchón en los últimos cinco años, cuenta con 270.000 millones de dólares en la recamara.

La economía mexicana en todo caso no termina de despegar, tal y como confirmó el FMI en su informe de perspectivas para la economía global, que apuntaba junto a los factores externos –como la caída del petróleo y la depreciación del peso- a una endémica fragilidad de la demanda interna. Lejos de las exuberantes tasas del 5% o 6%, augurada al inicio del sexenio por el Gobierno, el PIB avanzará un 3%, según los cálculos de la institución presidida por Christine Lagarde, un nivel insuficiente para solucionar problemas estructurales del país como la pobreza o la economía informal.


FUENTE: EL PAIS INTER.

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