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El guardián del petróleo

El hombre más poderoso del petróleo o la personalidad energética del año son algunos de los calificativos con los que los principales medios económicos se han referido en los últimos tiempos a Ali Al-Naimi (1935), ministro de Petróleo y Recursos Naturales de Arabia Saudí. Y es que, aunque Estados Unidos pisa los talones al país árabe para convertirse en el primer productor mundial de petróleo, este sigue ostentando el liderazgo a nivel global y Al-Naimi continúa siendo el hombre encargado de gestionar la producción.

Ocupa la posición 50 en la lista de las personalidades más poderosas de la revista Forbes, pero pese a ello son muchos los que lo han califican como alguien humilde. Y es que así fueron sus orígenes. Ali Al-Naimi nació en el seno de una familia pobre, al este del país, y desde muy joven tuvo que ayudar a su padre a cuidar el rebaño de ovejas que les servía de sustento.

Pero todo cambió cuando con apenas 12 años se convirtió en chico de los recados en la compañía estatal de petróleo, Aramco. Su inteligencia y ganas de aprender llamaron la atención de los ejecutivos de la empresa que decidieron costear su formación, lo que dio lugar a otra de las cualidades que caracterizan a Al-Naimi: la gratitud.

El diario The Guardian lo describía hace unos años como un hombre tremendamente leal a todos aquellos que considera que lo ayudaron a prosperar y a dejar atrás esos orígenes humildes que, sin embargo, no oculta y de los que se siente muy orgulloso.

Realmente era difícil imaginar que aquel joven pastor podía llegar a estudiar Geología en la Universidad de Lehigh, en Estados Unidos, y posteriormente completar su formación con un master en la misma materia en la prestigiosa Universidad de Stanford.

Terminados los estudios, la carrera profesional de Ali Al-Naimi continuó en la compañía que confió en sus posibilidades, aunque en esta ocasión con una escalada meteórica. Al reincorporarse a Aramco trabajó para el departamento de Explotación durante tres años más y en 1967 dio el salto a las áreas de Economía y Relaciones Institucionales.

Vicepresidente ejecutivo, presidente y consejero delegado fueron los cargos que ostentó en los ochenta, hasta que en 1995 empezó a dirigir el ministerio que hoy sigue capitaneando. A sus casi 80 años, Al-Naimi lleva dos décadas al frente de la gestión del oro negro saudí y parece que ni la caída del precio del crudo, que en el caso del barril de Brent se ha llegado a reducir hasta la mitad entre junio y diciembre de 2014, va a conseguir doblegarle fácilmente.

“No me importa si los precios caen hasta los 20 dólares el barril” fue una de las frases sentenciadas por el ministro en una entrevista publicada a final de año y también una más comentadas. Y es que no son pocos los ojos puestos en él con la esperanza de que Arabia Saudí recorte su producción para proteger el precio del crudo. Pero Ali Al-Naimi se mantiene firme en su intención de no hacer tal cosa.

Inteligencia y profesionalidad son las palabras con las que muchos han definido a este estratega que utiliza sus conocimientos y experiencia en el sector y en las negociaciones internacionales para proteger los intereses de su país.

Al-Naimi hace a menudo gala de ello. Una muestra es que ha llegado a reconocer en algunas de sus intervenciones públicas la importancia de las energías renovables teniendo en cuenta los problemas generados por los combustibles fósiles como el efecto invernadero. Sin embargo, estas afirmaciones suyas, que nunca parecerían haber salido de boca del máximo responsable de un Ministerio del Petróleo, han ido siempre acompañadas de matices como la importancia de que los recursos renovables, cuyo aprovechamiento está aún en desarrollo, convivan con el petróleo. Al-Naimi también ha hecho más de una vez hincapié en las posibilidades de la energía solar (que un país como Arabia Saudí podría aprovechar).

Su templanza y su calma son sus mejores aliadas a la hora de enfrentarse tanto a las reuniones de trabajo como a los medios de comunicación, consciente de la importancia que tienen todas y cada una de las palabras que pronuncia.

En el aspecto físico, suele llamar la atención su buena forma, y es que es un apasionado del deporte para quien incluso un traslado de una conferencia a otra es un buen momento para estirar las piernas. Lo más habitual es verlo enfundado en un traje diplomático durante los actos oficiales, aunque siempre que puede viste la ropa tradicional de su país.

La producción de petróleo, y todo lo que esta conlleva, siguen pasando por las manos de este humilde y a la vez poderoso miembro del Gobierno de Arabia Saudí.


FUENTE: CINCO DÍAS

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