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Generación eléctrica nuclear (*)

 

Una de las tecnologías importantes para la generación de electricidad es la energía nuclear de fisión que estuvo de moda en la década de los setenta, y después fue perdiendo importancia relativa por la incorporación masiva de energías renovables, en especial eólica, solar y biomasa y por el desarrollo de centrales térmicas con gas natural como combustible.

 

Cristian Hermansen R. (**)

 

 

También influyó el cambio de percepción ciudadana con lo cual se fue perdiendo la factibilidad de construcción por la oposición pública en los países desarrollados, producto de distintas situaciones a lo largo del tiempo.

 

La escala internacional para incidentes nucleares maneja siete niveles, desde el menor nivel 1: anomalía; niveles 2 y 3: incidentes; y niveles 4 al 7: accidentes. El nivel 5 es accidente con riesgo y en nivel 7 es accidente mayor.

 

Los accidentes nucleares ocurridos en las últimas décadas, pocos en número pero de fuerte impacto, han sido: Three Mile Island el 28 de marzo de 1979 de nivel 5, Chernobyl el 26 de abril de 1986 de nivel 7 y Fukushima el 11 de marzo de 2011 de nivel 7. Estos han contribuido a generar una gran desconfianza ciudadana, independiente de las diferentes causas de cada uno de estos accidentes.

 

Previamente a Fukushima, ocurrió el 16 de julio de 2007 un terremoto en Japón de magnitud 6.8 en la escala Richter de liberación de energía, que afectó a la central Kashiwazaki Kariwa de 7 reactores nucleares con una potencia total de 8.212 MW instalados, sin provocar mayores daños y solamente una pequeña fuga radioactiva. Desde el punto de vista del sistema eléctrico, esta situación mantuvo a esta central completamente fuera de servicio por un prolongado tiempo para poder efectuar todas las pruebas y revisiones necesarias y logró volver al servicio en forma parcial con su primera unidad solamente en diciembre de 2009.

 

Tanto Fukushima como Kashiwazaki Kariwa son de propiedad de TEPCO, que ha sido cuestionada por la entrega de información incompleta a los reguladores en las últimas décadas.

 

Fukushima centró la discusión pública en torno a la calidad de la regulación nuclear y de la información entregada por las empresas propietarias de centrales nucleares. También se observa la ausencia de actualización de las plantas nucleares a las nuevas normas de seguridad operativa a diferencia de otras industrias como por ejemplo: celulosa, ferrocarriles o aviación, que permanentemente actualizan sus normas de seguridad para evitar accidentes a sus trabajadores, a sus usuarios o a la comunidad.

 

Fukushima tenía 6 reactores con una potencia instalada total de 4.696 MW que entraron en operación entre los años 1971 y 1979 con máquinas con tecnología de los años sesenta, acercándose al fin de su vida útil y que no fueron actualizadas a las nuevas normas.

 

Por otra parte, la generación nuclear afecta en forma mínima al cambio climático por su baja contribución de emisiones de CO2 por energía generada, comparables al rango superior de las energías renovables y muy inferior, en órdenes de magnitud a las centrales a carbón.

 

El accidente nuclear de Fukushima mostró errores de operación y regulatorios que debieran ser fáciles de mejorar e implementar, siempre que exista voluntad de hacerlo por parte de las empresas y de los países, para poder recuperar la confianza ciudadana y empresarial en esta forma de producción de electricidad.

 

Para una generación eléctrica nuclear segura y confiable, se deben tener reglas para permitir y exigir una transparencia de información, la existencia de organismos reguladores nucleares independientes de las empresas productoras, realización de auditorías técnicas con participación ciudadana y auditorías internacionales independientes y de alto nivel y prestigio.

 

En la parte técnica se debe fortalecer la respuesta a accidentes y anticiparse técnicamente para evitarlos, aplicar nuevos criterios de diseño de los reactores y modificar las centrales en operación a estos nuevos criterios, incorporar nuevos requerimientos normativos y operacionales con una amplia discusión técnica y regulatoria de todos los involucrados y no solamente de las empresas nucleares.

 

Obviamente, en cada país se deben considerar sus características propias de clima, sismología, inundaciones, vulcanología y sus condiciones medio ambientales y de incorporación al sistema eléctrico. Todo esto sujeto a la aceptación ciudadana que debe ser informada en forma amplia y con un análisis completo desde todas sus aristas.

 

Para los países que actualmente no disponen de generación nuclear, una decisión importante es el tamaño de cada reactor principalmente desde el punto de vista de sistema eléctrico y de confiabilidad de operación.

 

La solución actualmente en desarrollo son las unidades tradicionales del orden de 1.100 MW, con una gran cantidad de unidades operando en el planeta, que pueden afectar la seguridad eléctrica en sistemas eléctricos menores a 10.000 MW por ser una unidad de gran tamaño relativo en el sistema ante el caso de fallas o mantenimientos.

 

La solución nueva está vinculada a las unidades del orden de 100 MW, con un desarrollo de plantas experimentales por parte de fabricantes europeos y asiáticos que no afectan la seguridad eléctrica en sistemas eléctricos, por ser una unidad de menor tamaño en el sistema ante el caso de fallas o mantenimientos, pero que son máquinas no suficientemente probadas a la fecha.

 

Una situación nueva para la energía nuclear de potencia es que una gran parte de los reactores actuales está llegando al término de su vida útil, tema en análisis público por la experiencia de Fukushima cuyas unidades también estaban llegando al término de su vida útil al momento del accidente.

 

En Europa alrededor de un tercio de sus reactores tienen sobre veinte años de operación y de ellos la mitad tendrán más de cuarenta años en operación al 2015.

 

Algunos países están trabajando para extender la vida útil de los reactores hasta los sesenta años de operación, pero en opinión de los expertos es imposible llevarlos al mismo nivel de seguridad de los nuevos reactores, pero nuevas tecnologías de inspección correctamente implementadas pueden ayudar a mejorar la seguridad actual.

 

La instalación y operación de reactores nucleares requiere de un tiempo de desarrollo inicial de a lo menos quince años para formar al personal de operación, mantenimiento y gestión, adaptar las reglas de operación técnica de los sistemas eléctricos, definir y regular las normas de seguridad nuclear, estudio de ubicación de las plantas incluyendo el análisis de todos los riesgos y de su minimización, entre otros aspectos.

 

También es importante la elección de la tecnología y tamaño de los reactores, ya que este mercado es un mercado reducido y es difícil técnicamente de realizar modificaciones posteriores, por lo cual una vez tomada la decisión se transforma en cliente cautivo de proveedores, mantenedores y proveedores refinadores del uranio utilizado como combustible.

 

Un punto no resuelto en la actualidad es el manejo de los residuos radiactivos que primeramente se almacenan en la misma central y después en depósitos temporales, ya que no están a la fecha operando depósitos definitivos de residuos nucleares y además el transporte de los residuos nucleares genera una gran resistencia ciudadana en los países que debe atravesar para llegar desde la central nuclear a los depósitos temporales.

 

(**)Presidente Comisión de Energía del Colegio de Ingenieros de Chile A.G. Director Gerente de ACTIC Consultores Ltda.

 

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