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Una geopolítica específicamente naval

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Vesna Marinkovic U.

Los países de América del Sur tienen el desafío de estructurar una geopolítica, sustento de la gestión del poder y su distribución en zonas de interés, sin construir periferias dentro de la misma región. Sugerencia fundamental antes de la nueva cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), prevista para esta semana en Santiago de Chile, país anfitrión.

Estas citas internacionales; que muy pocas veces trascienden la fase meramente discursiva, deberán comenzar a marcar la diferencia sobre todo si se atiende que la región vive un publicitado proceso de cambio de paradigmas y un importante momento de revisión de su destino; especialmente en atención a sus importantes recursos energéticos y ecológicos; que se traducen en un tema de poder.

La coyuntura política y económica de este nuevo siglo está exigiendo para América Latina en su conjunto y para América del Sur en particular, una estrategia compartida que estructure una unión fuerte y sobre todo equitativa e informada: la región no puede repetir injusticias ni falencias al interior de la misma pero tampoco desaprovechar oportunidades.

Esto implica que no puede apostar, a título de un manejo geopolítico “interesante”, a la construcción de periferias a favor de determinados países con mayor crecimiento en la región como son, en efecto, Brasil, Argentina y Chile, pero debe integrarse. En este marco, habrá que tener cuidado con aquellas estrategias que solamente miran un lado de la medalla e ignoran el otro por considerarlo “carente” de condiciones.

¿Cómo surge esta preocupación? Revisando algunas lecturas y propuestas inteligentes, sin duda. Una de ellas es la de Patricio Carvajal, analista geopolítico chileno, que alude a “la necesidad de una estrategia común en la región, en base a una geopolítica de los espacios marítimos complejos” (dossiergeopolitico.com). Una oferta que, desde el título, parece insinuar la marginación de países como Bolivia o cuando menos, la idea de reeditar países periféricos, sin siquiera nombrarlos.

El señala que:”Concluida la Guerra Fría América Latina redefine su política regional con el mundo a base de dos principios: el realismo periférico propuesto por el especialista argentino en Relaciones Internacionales, Carlos Escudé, y el de centralidade da periferia propuesto por el Geógrafo brasilero M. Santos (199Smilie: 8)”, concluye afirmando que, en el momento actual, la Unasur deberá construir “una estrategia de defensa y seguridad, desde una óptica regional”, a lo que nadie, con un mínimo de criterio, podría oponerse.

Sin embargo, en el camino, y en base a los postulados de Escudé, desliza la importancia del “respeto del derecho internacional y el cumplimiento de los tratados y acuerdos que dichos Estados han suscrito con el resto del mundo”, precisando que:”Todo incumplimiento de esa normativa reduce a los Estados latinoamericanos a la condición de Estados “parias” de la comunidad internacional”, un ámbito donde Bolivia, si al menos incita al no cumplimiento del Tratado de 1904- que puso fin a la Guerra del Pacífico y que implicó la pérdida de nuestro acceso al Pacífico-, terminaría siendo, a no dudarlo, un Estado “paria”.

En este contexto, refiere la importancia de concebir una Geopolítica y Estrategia marítima de la Unasur que implique “una Geopolítica específicamente naval, cuyo eje es la Isla de Pascua. Esta estrategia naval insular se complementa con el dominio argentino de las Malvinas, pues teniendo el dominio de ambos espacios insulares se tiene el control de las rutas oceánicas del Pacífico Sur y del Atlántico Sur”.

“En otras palabras,-plantea-definir la existencia de una Fuerza Naval conjunta de la Unasur, que en un principio podría estar conformada por las Marinas más poderosas de la Alianza: Argentina, Brasil y Chile”, y precisa que “el desarrollo de esta estrategia es imprescindible para la seguridad y defensa de los llamados espacios marítimos complejos”.

Una propuesta que, sin titubeos, transparenta objetivos geoestratégicos importantes dentro de la región que vale la pena considerarlos y ponerlos en discusión en eventos como el del CELAC, precisamente en Santiago de Chile, donde es de esperar que nuestra representación, como parte de Unasur, alcance una participación relevante al respecto. Estaremos expectantes, al menos.

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