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La venta de gas y mejorar la imagen

16 de enero de 2013 Alexánder Gabuyev, Kommersant Vlast

En el año 2013, Rusia tendrá que decidir una serie de tareas extremadamente complejas en política exterior. La integración con Bielorrusia y Kazajistán suscita cada vez más preguntas. El mercado del gas en Europa ya no es tan cómodo para Moscú, y todavía no existe un mercado equiparable en Asia.

Unión Euroasiática
Los funcionarios consultados citan al unísono la consolidación de la Triple Alianza de Rusia con Bielorrusia y Kazajistán como el principal tema en política exterior del año.

Para el año 2015 está prevista que la unión aduanera, que posteriormente se transformó en el Espacio Económico Único, se convierta en la Unión Económica Euroasiática (UEE), el análogo postsoviético de la UE.

El presidente Putin, quien calificó la desintegración de la URSS como “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”, cree que la UEE es el proyecto más importante de su tercer mandato.

Sin embargo, los últimos meses han aparecido problemas considerables para la creación acelerada de la UEE. Si durante la presidencia de Dmitri Medvédev, las principales batallas dentro de la troika de la Unión Aduanera tuvieron lugar entre Rusia y Bielorrusia, ahora han surgido objeciones inesperadas en el país que había sido el motor principal de la integración, Kazajistán.

“Nuestra élite va cambiando poco a poco su posición respecto a todo este proyecto de integración euroasiática. Si antes todos estaban seguros de que Kazajistán iba a ganar con ella debido a sus impuestos más bajos, ahora las ventajas no parecen tan evidentes”, dicen fuentes próximas al gobierno de Kazajistán.

O bien Moscú y Astaná buscan alguna fórmula de cooperación donde la economía sea fundamental, o bien este enésimo megaproyecto caerá como una losa en el presupuesto ruso. Porque desistir del proyecto euroasiático es imposible.

Retos en Europa
Es probable que los problemas fundamentales de la diplomacia rusa le vengan del lado europeo. La “revolución del gas de esquisto” iniciada por los EE UU ha llevado a modificaciones importantes en el mercado europeo del gas.

El gas natural licuado de Oriente Próximo, destinado al mercado de EE UU, está llegando ahora a la UE, haciendo bajar los precios en el mercado al contado. La base sobre la que durante muchos años se ha mantenido el mercado europeo del gas: contratos de larga duración y la condición take-or-pay (volumen mínimo de gas por el que el suministrador no recarga con multas por falta de uso) está empezando a desmoronarse. Y con ello se debilita la posición de Gazprom en el mercado europeo, su porción en el monopolio disminuye poco a poco.

En un horizonte de unos cinco años, Rusia se arriesga a perder una fuente considerable de engrose de su presupuesto. Por lo que el fortalecimiento de las relaciones con Europa y el desarrollo de una concepción común sobre hacia dónde se dirigen las relaciones energéticas con la UE debe ser prioritario para Moscú.

El giro oriental
En esta coyuntura, la salida al mercado asiático de hidrocarburos es una cuestión crítica para Rusia. La demanda de petróleo y, sobre todo, de gas en el Este y en el Sudeste de Asia aumenta de forma regular.

Esto puede abrir para Gazprom y para las empresas petroleras rusas la posibilidad de conseguir un mercado alternativo al europeo, y con un volumen de ventas similar. El principal problema aquí es la ausencia de infraestructura para el transporte, lo que permitiría empezar con el suministro.

Desde el año 2006 se vienen manteniendo conversaciones para construir dos gaseoductos en China, sin embargo, las posiciones de las partes respecto a este proyecto siguen alejadas.

La causa está en que, como hacía antes, Gazprom reclama a China la misma cantidad que recibe por su materia prima en los contratos a larga duración de Europa. Sin embargo, los chinos no tienen prisa por pagar ante la aparición de una materia prima más barata.

Aparte del acuerdo por el gas, Moscú tiene mucho que hacer en dirección a Asia. El principal problema es atraer inversiones, sin las cuales la explotación de los recursos minerales de Siberia Oriental y del Extremo Oriente se antoja poco realista.

De momento la cooperación no avanza ni siquiera a nivel formal. Por ejemplo, después de la cumbre del APEC, en la que Rusia intentó con todas sus fuerzas declararse potencia principal de la Región Asia-Pacífico, los dirigentes de la Federación Rusa por segunda vez y de forma consecutiva menospreciaron la cumbre del Este Asiático.

Sin embargo, el presidente de EE UU Barack Obama o el primer ministro de China Wen Jiabao, así como los líderes de Japón, Corea del Sur, Australia y de una decena de ANSA, sí tuvieron tiempo para la cumbre.

La intensificación del “poder atrayente”
Durante el pasado año el interés de las autoridades rusas por el “poder atrayente” ha aumentado ostensiblemente, sobre todo el del presidente Putin.

El Kremlin se vio obligado a prestar atención a este instrumento blando e inofensivo a primera vista debido a los acontecimientos de la 'primavera árabe', a la que muchos expertos de Occidente citan como ejemplo de 'revolución Twitter' y del papel en aumento del softpower en el arsenal de las grandes potencias.

Una renovada Agencia Federal Rusa de Cooperación va a ocuparse de este problema, aparte de las herramientas tipo el canal de televisión Russia Today, la fundación 'Russki Mir y el Instituto ruso de Problemas de la Democracia, que actúa en los EE UU y en la UE.

El plan de reforma del departamento supone multiplicar por siete su presupuesto, de 1,4 mil millones de rublos (46 millones de dólares) al año a casi 10 mil millones (330 millones de dólares).

Sin embargo, el año pasado todo este trabajo sufrió un golpe durísimo. En todos los medios de comunicación del mundo, el tema principal relacionado con Rusia fue el caso Pussy Riot: cierra las diez consultas más frecuentes en el buscador de Google dentro de la categoría de “Sucesos” del año 2012 (datos del servidor Google Zeitgeist).

Así que en los próximos años Rusia tiene que gastar una fuerza considerable en cambiar su imagen. Cierto que para ello también es imprescindible cambiar muchas cosas dentro del país y, tal como enseñaba Joseph Nye, crear dentro del estado una realidad atractiva para los otros.

De momento, tales milagros están lejos del alcance siquiera de los diplomáticos rusos más hábiles.
Alexandr Gabuyev, subredactor jefe de Kommersant-Vlast, sinólogo.
Texto resumido. Versión completa en ruso en Kommersant- Vlast.

Fuente:
http://rusiahoy.com/articles/2013/01/16/la_venta_de_gas_y_mejorar_imagen_23939.html

Comentarios   

 
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