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De ciudades inteligentes y basura pública

Santa Cruz tiene ya algunas cualidades de estar en camino a ser una ciudad inteligente. Es decir, tiene cada vez más un uso intensivo de la tecnología en su dinámica de construcción y mejoramiento de la ciudad. En este marco puede, sin duda, crear, procesar y transformar distintos niveles de información para alcanzar servicios modernos y eficientes, permitiendo mejorar la calidad de vida mediante el uso más adecuado de sus recursos.

En menos de una década está en condiciones de ofrecer mejores niveles de educación a sus habitantes, muchos de los cuales antes debían asistir a escuelas y universidades en el occidente del país. Sucre, la capital, era uno de los lugares preferidos y también Cochabamba, por su proximidad a la "modernidad" de la urbe paceña, la ciudad otrora referencia inconfundible de mayor "desarrollo" en el país. Por supuesto que también estaba, para algunos, la alternativa de formarse en el extranjero, mientras las ciudades nuestras parecían en un permanente letargo.

Hoy, Santa Cruz tiene ya una importante infraestructura educativa y se puede decir otro tanto en relación a servicios como la salud, el acceso a internet, etc., etc., aunque la creación de una sociedad sostenible y eficiente en utilización de sus recursos y su acceso a ellos probablemente no sea aun un proceso acabado, en ninguna parte de este conflictivo y conflictuado planeta y menos, claro, en países denominados del tercer mundo.

Es decir, pese a estos esfuerzos notorios por lograr la sostenibilidad como un componente estratégico fundamental de una ciudad inteligente, es aun una tarea pendiente la incorporación, por ejemplo, de un manejo más eficiente de los recursos naturales y lograr hábitos saludables para con el medio ambiente en el marco de la planificación de los espacios públicos que va habilitando el Gobierno Municipal.

Esto significa que más allá de que los espacios públicos como plazas, parques y jardines, permitan la interacción e integración de los ciudadanos para que no pierdan el contacto entre sí, aprendan a mirarse e incluso a tocarse, en pleno auge de las TICs que aumenta la información pero no necesariamente el contacto "face to face", aun hace falta, por ejemplo, un mayor y urgente manejo de la basura.

Uno se da contra el piso cada que se encuentra con "muladares públicos" donde menos se lo espera. Más aun si esos espacios son de la H. Alcaldía Municipal que en su tarea de construir áreas verdes ha decidido acaparar espacios al parecer sin la necesaria planificación logrando el efecto contrario; es decir, espacios de depósito permanente de todo tipo de basura junto a llantas, pilas y escombros, depositados por los carritos jalados por cadavéricos caballos. Otro tema igualmente inmanejable es aquel promovido por "la industria del reciclaje" que ocupa a un ejército de hombres y mujeres en situación precaria para "deshacer" los basureros en busca de objetos reciclables. Ergo, la basura adorna todos los días las calles y plazuelas, con su olor característico.

Un tema cotidiano, en una ciudad que camina a ser una ciudad inteligente en pleno siglo XXI alcanza, sin duda, ribetes de paradoja unida a otras que tienen que ver con infraestructuras de "alto vuelo" al lado de chozas insalubres y mendigos que no han resuelto ni en sueños su "situación de calle".

De manera que la construcción de una ciudad inteligente definitivamente debe poner mucha atención a la cantidad de información que procesa pero, también, a cómo la procesa para convertirla en una herramienta adecuada de sostenibilidad y apoyo al medio ambiente, a los usos y consumos ciudadanos y, por supuesto, a la construcción de espacios que contaminen menos, confronten menos y alcancen grados de mayor equidad en un momento que se hace imprescindible ser cuidadosos con lo que dejaremos de herencia para el futuro.

AUTORA: Vesna Marinkovic U.

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