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¿Tenemos ciudades inteligentes

en América Latina?”  



El autor señala que una ciudad de estas características utiliza tecnologías de información e infraestructura limpia para apoyar el desarrollo eficiente de la gestión urbana


Ricardo de Vecchi (**)

¿Qué es una ciudad inteligente? Aunque existen varias definiciones, la mayoría giran en torno a algo similar a lo siguiente: “una ciudad inteligente utiliza tecnologías de información e infraestructura limpia para apoyar el desarrollo eficiente de la gestión urbana, aumentar la participación ciudadana en las decisiones y acciones locales, y fomentar así su sostenibilidad”.


La lista es interminable cuando se trata de casos en los que las ciudades se han vuelto más eficientes mediante el uso de tecnologías de información. Le doy algunos ejemplos: en Xinjiang, China, las autoridades locales pueden saber en tiempo real el porcentaje de desempleo de la ciudad a través de chips en las tarjetas de seguridad social de los ciudadanos. O ¿qué piensa de Copenhague, donde el alumbrado público se apaga si no hay tráfico en las calles?, y qué decir de San Francisco y sus tuberías de agua, las cuales tienen sensores que le informan al organismo operador los sectores que tienen fugas. Se estima que el mercado de proyectos para ciudades inteligentes alcanzará los US$20 mil millones en 2020. Este número, en sí mismo, deja ver el potencial que tiene este tema.
 
Aunque estos proyectos parecen geniales y futuristas, también se antojan sumamente costosos, lo que hace dudar si podremos implementarlos en América Latina. Pero, grata sorpresa, existen varias ciudades de nuestra región que están llevando a cabo avances interesantes al respecto. De esto me percaté gracias a que, durante el evento de Demand Solutions en el BID, el encargado de sistemas de información y digitalización de la ciudad de Río de Janeiro habló sobre los grandes pasos que ellos han tomado para unirse al selecto grupo de ciudades inteligentes. La ciudad es conocida por su Centro de Operaciones, en donde se monitorea en tiempo real lo que ocurre en la ciudad (tráfico, emergencias, etc) para coordinar desde una misma sala las acciones de múltiples instituciones y elevar su capacidad de reacción ante eventualidades o situaciones de alerta.
 
Este centro tuvo su prueba de fuego en julio pasado, cuando el Papa Francisco I visitó la ciudad. Durante una de sus jornadas decidió, inesperadamente, cambiar la ruta establecida originalmente y dirigirse al centro de la ciudad. En ese momento y en cuestión de minutos, el personal del centro de control llevó a cabo los ajustes y monitoreo necesarios para facilitar el paso del convoy del pontífice, que llegó a su nuevo destino sin ningún altercado, salvo quizá una que otra crisis nerviosa en la alcaldía carioca.
 
El éxito de las acciones tomadas en Rio ha sido tal que apenas la semana pasada esta ciudad recibió el premio a la más inteligente del planeta durante el Congreso Mundial de Ciudades Inteligentes celebrado en Barcelona.
 
Pero nuestra región cuenta con otros ejemplos similares a Río: en Santiago de Chile se están implementando sistemas limpios de transporte, especialmente eléctrico, con centros de carga por toda la ciudad; y en México DF se implementó un sistema de WiFi en varios parques públicos, el cual funciona a partir de un singular combustible: deshechos caninos.
 
Es claro que, para que una ciudad sea realmente inteligente, se requiere de varios proyectos estructurados e interconectados que realmente mejoren la sostenibilidad y el nivel de vida de la mayor parte de sus habitantes. Pero creo que la lección que nos dan los casos latinoamericanos respecto a este tema es que podemos lograrlo utilizando creatividad, ingenio e interés ciudadano y gubernamental para sustituir la escasez de recursos financieros. Después de todo, las ciudades inteligentes requieren de ciudadanos brillantes y eso, no hay duda, tenemos en América Latina.
 
En la Iniciativa de Ciudades Emergentes y Sostenibles, estamos conscientes de la importancia de utilizar la tecnología para incrementar los índices de participación de la ciudadanía en los temas locales, aumentar la calidad de vida de los habitantes urbanos y volver más eficientes los procesos de gestión pública, con la meta de consolidar la sostenibilidad de las ciudades. Es por ello que, mediante una asociación con el gobierno coreano, estamos desarrollando un proyecto para la construcción de un Centro Integral de Control y Operaciones (IOCC) para la ciudad de Goiania, en Brasil, en donde se podrá monitorear el tráfico local, la seguridad pública y tener un mayor control en caso de desastres naturales. Estamos planeando hacer algo similar en Xalapa, México y en la ciudad de Montego Bay, Jamaica, el año entrante. Los mantendremos informados de los avances que tengamos.
 
Mientras tanto, lo invito a que reflexione con nosotros: ¿cómo cree usted que las tecnologías de la información o el uso de infraestructura limpia pueden hacer a las ciudades de nuestra región más sostenibles?
 

(*)http://www.americaeconomia.com/node/106183

(**)Analista de Operaciones de la Iniciativa de Ciudades Emergentes y Sostenibles (BID). Se desempeñó por tres años (2008-2011) como Asesor Senior del Banco Interamericano de Desarrollo para el Fondo Nacional de Infraestructura en México. Es Licenciado en Comercio Internacional por el Instituto Tecnológico de Monterrey en México y cuenta con una Maestría en Servicio Exterior por la Universidad de Georgetown y una Maestría en Estudios Diplomáticos por la Academia Diplomática Mexicana.



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